Recolección nocturna en luna llena: por qué cosechamos cuando todos duermen

Hay una decisión que define el sabor de un aceite mucho antes de que llegue a la botella: cuándo se recoge la aceituna.

En Arbekia recolectamos de noche, y no por capricho. Cuando cae el sol, la temperatura del fruto baja varios grados. Esa aceituna fría conserva mejor sus aromas más delicados y sus compuestos saludables, esos que el calor del día evapora sin que nadie se dé cuenta. Recolectar en frío es el primer eslabón de una cadena que termina en un AOVE más vivo y más fiel a lo que la finca nos da.

Lo hacemos, además, en luna llena. Nos guían principios biodinámicos heredados de quienes entienden el campo como un sistema vivo, donde los ritmos de la naturaleza no son superstición, sino sentido común agrícola. La aceituna recogida en su momento óptimo, sin prisas y sin estrés térmico, llega al molino en las mejores condiciones posibles.

Después viene la extracción en frío: prensamos por debajo de la temperatura que arruinaría todo lo anterior. Es más lento, da menos litros y exige más cuidado. Pero esa es justamente la diferencia entre un aceite de volumen y un aceite con criterio.

En Arbekia no buscamos producir más. Buscamos producir bien.

Cosechar de noche es incómodo. Es caro. Es exigente. Y es exactamente por eso que el resultado se nota en la cuchara.

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